Carolina, la mariscadora de la ciudad sumergida

Son muchas las leyendas que se cuentan en Galicia, de todas ellas hay algunas sobre ciudades sumergidas o sepultadas. La más conocida de todas es la de Duio, y aun hoy en día parece ser que algunas  gentes mayores,  explican de una generación a otra lo que ocurrió en esa misteriosa ciudad.

Cuentan que un día después de una aparición de Jesucristo, no contento con lo que vio porque estaban en guerra, la ciudad desapareció sepultada, y otra leyenda dice que después de aquel día, sólo se salvaron los bueyes de un vecino llamado Gures, que después de deambular perdidos, se metieron en el mar y murieron ahogados, conocidos por unas rocas llamadas Os Bois de Gures.

Leyendas, historias que pueden ser o no ciertas, pero que alimentan nuestra imaginación y dan alas a nuestros sueños. Mi imaginación me hizo pensar que al igual que en Duio, entre Carril y la Isla Atlántica de Cortegada, existía una de esas ciudades sumergidas de leyenda.

Ver a Carolina, mariscando con ese larguísimo mango de su “raño”, buscando sus capturas en las profundidades del Atlántico, me invitaba a pensar que lo hacía en esa ciudad sumergida, en esa misteriosa ciudad que permanece en el fondo de la Ría de Arousa, donde ella cada día busca esos moluscos que son un manjar para nuestro paladar.

Entre las calles de la ciudad sumergida se esconden esos frutos del Océano, y es allí donde las inclemencias del tiempo dificultan que Carolina llegue a ese fondo marino. Pero como en una danza perfecta, finalmente son capturados y llevados a tierra, esa mágica tierra de Arousa donde el paraíso existe y todo lo que sueñes…se puede hacer realidad.

Cuando me hablaron de los mariscadores de flota, nunca imagine que viviría una extraordinaria historia. Gracias Carolina, Oscar, y a todos vuestros compañeros, por hacernos vivir a Laura y a mí esta experiencia que nunca olvidaremos. Os estamos muy agradecidos por todo, y en especial por descubrir para nosotros la ciudad sumergida.

 

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