Cristina, el Destello del Norte

Antonio Machado dijo… “Luz del alma, luz divina, faro, antorcha, estrella, sol… Un hombre a tientas camina; lleva a la espalda un farol.”

 

“Perdonar por no haber podido estar por vosotros antes”, así, como un destello llego a nuestro encuentro Cristina, como si quisiera llegar a todos los rincones con su luz.

Cristina es una mujer mágica, energía pura como la luz de su faro que cada noche ilumina el camino de los navegantes de la Costa da Morte…”llevo este faro y el mar dentro de mí”. Los días que hemos convivido con ella, han sido suficientes para saber que no tiene como profesión ser farera, es su devoción, su pasión, su forma de vida, su amante…su todo.

Mil anécdotas tiene para contarnos y no pierde ni un segundo en compartir con nosotros todas las que puede, algunas de ellas entrañables, otras tristes, pero todas con una gran carga emocional que nos llegan al alma, a lo más profundo de nosotros. Cuarenta y tres años dedicados a ayudar a que todos lleguen a buen puerto y en sus palabras se entiende perfectamente su sentimiento por esa profesión…”cuesta dejar de hacer este trabajo, porque siempre piensas en las personas que nos necesitan, sobre todo en esas noches de temporal que piensas en ellos, en esos marineros que están en peligro y deseas que tu luz les ayude a regresar, si yo tengo miedo aquí en tierra ¿cómo se sentirán ellos?”.

Nos encanta cuando nos cuenta, que cuando sus hijos eran pequeños y veían llegar la “Bretema” (es una manera muy especial de nombrar un tipo de niebla en Galicia), eran los que avisaban para que ella pusiera en marcha la sonería del faro, para que los barcos se guíen por el sonido “¡mama, mama!, que ya viene”, incluso a veces, se subían a una silla para ponerla en marcha ellos.

Sus hijos crecieron en el faro con ella y su marido que también fue farero, y fue quien le convenció para que ella lo fuera y nos contó, que cuando sus hijos se marcharon a estudiar fuera, una vez que volvieron a visitarlos, le dijeron que les costaba dormir porque les faltaba su nana. Se referían al sonido del mar batiendo contra las rocas, ese sonido con el que se acostumbraron a dormir cada noche, que les susurraba al oído como una melodía y se metía con ellos en sus sueños.

De repente se ríe y nos dice… “Ahora os cuento las novatadas que les hacíamos a los nuevos, ¿veis esta botella? (nos enseña una botella metálica, ya vieja), pues son de mercurio, que es lo que hace oscilar el carro donde están las lámparas del faro, y cuando llegaba alguien nuevo al faro, teníamos una vacía y una llena, yo les decía que cogieran la llena que las íbamos a subir hasta las lámparas, y yo cogía la vacía como si nada, y ellos cogían la llena (pesaría unos 20 kilos aproximadamente) y me miraban, porque no entendían como yo que era mujer, podía y ellos no podían con la suya… sus ojos se iluminan… y se ríe con la picardía de una niña traviesa.

En cada rincón hay una sorpresa, vemos docenas de barcos de papel que los visitantes dejan con mensajes escritos, como si quisieran enviarlos a navegar a ese Océano Atlántico que nos mira y habla con una suave voz y nos observa como quien sabe que hablamos de él.

Cristina es una soñadora, tiene grandes sueños que comparte con nosotros, por ejemplo el sueño de su marido Antonio, que ya no está entre nosotros, pero del que habla como si estuviera con un brillo aún más especial en su mirada… “El sueño de Antonio es convertir Cabo Vilano en Museo”.

Eres una mujer que brilla con luz propia, nos has inyectado ganas de vivir. Gracias Destello del Norte, por abrirnos tu casa y tu corazón… tú ya estas dentro del nuestro para siempre.

Contigo hemos aprendido muchas cosas, pero una es muy importante “nunca olvidaremos que es posible que seamos el faro en la tempestad de alguien”.

 

…destellos…

 

 

 

by Olympus

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